La Orfebrería

 
 

La Orfebrería en la historia

 

LA ANTIGUEDAD - EGIPTO  

 

El oficio del orfebre, en su esencia y carácter, fue uno de los primeros en nacer tan pronto se formaron sobre la tierra los primeros grupos sociales. Al despertarse en el hombre el gusto por el adorno, inherente a la condición humana, nació el orfebre.

La vida civil y la religiosa usaron siempre y en todas partes la orfebrería.

El impulso creador que tiende a elaborar formas de expresión - objetos sin obvia utilidad práctica - surgió en un pasado remotísimo, tal vez coincidiendo casi con la aparición de la especie humana.

Las piezas de orfebrería que han quedado de la antigua civilización egipcia atestiguan que sus artistas poseían ya una técnica casi perfecta. Los orfebres egipcios sabían fundir, cincelar, repujar el metal, incrustar pequeñas láminas de cristal y piedras en el oro. En el tesoro de Ramsés II hay unas tazas en plata parcialmente doradas, en las que pueden verse los fondos decorados con unos grupos de animales repujados levemente.

Las joyas son numerosas; las hay con representaciones de animales en hojas de oro repujado, y retocadas con el cincel: constituyen el rico ajuar de las reinas y de las princesas; de una belleza incomparable, las planchas de la sepultura de Tutankhamon son otro testimonio de la evolución de esa artesanía en Egipto

 

ORIENTE

   

Las piezas de orfebrería caldea, de una antigüedad de tres milenios, encontradas en las tumbas de Ur: joyas, amuletos, pendientes, anillos de oro incrustados de piedras y copas y vasos sobriamente decorados, puñales de oro y lapislázuli, son suficientes para ilustrar el valor artístico de esta artesanía. Curiosas son unas cabezas de animales fundidas y martilladas sobre una masa de betún en vez de la clásica " brea" usada por los cinceladores

Es posible que el pueblo hebreo haya aprendido de los egipcios el arte de la orfebrería. No conocemos obras que hayan subsistido, pero las descripciones minuciosas de alguno de ellos que encontramos en los libros sagrados nos hacen pensar que dominaron muy bien las técnicas de este campo de la estética. El becerro confeccionado con el oro de los aros y anillos de los israelitas, seguramente fue hecho con una forma de madera recubierta de hojas de metal martilladas y cinceladas. En el libro del Éxodo hay detalles precisos con respecto a los trabajos que fueron ejecutados por mandamiento del Todopoderoso para el Tabernáculo, el Arca de la Alianza y el mobiliario del culto

 

 

En Persia, los tesoros de orfebrería de los soberanos rivalizaban en opulencia: sólo por nombrar algunas de las exquisitas piezas elaboradas por los persas, destacaremos del Tesoro de Oxus, el carro tirado por cuatro caballos, totalmente trabajado en oro, indudablemente de carácter votivo.

Otra obra espléndida es el ritón de oro, un vaso formado por un león alado y el cubilete, cuyo fondo se suelda al cuerpo del animal.

 

GRECIA

     
 

Micenas es llamada por Homero "la ciudad en donde abunda el oro".
Las tumbas situadas bajo el Agora contenían cuerpos casi enteramente revestidos de oro en planchas, y de joyas. Sobre los rostros, máscaras repujadas conservaban los rasgos del difunto, las coronas, las joyas y ornamentos, todos trabajados de una manera aún primitiva. En cambio, las piezas descubiertas en el tesoro de Atreo, compuesto por millares de vasos, diademas, pulseras, collares, pendientes, eran trabajados con verdadero arte. Se supone que estas obras son de los tiempos homéricos de la guerra de Troya, mientras que los cubiletes de oro encontrados en Vaphio, Laconia, seguramente son posteriores.

Se puede atribuir al arte orfebrerístico la colosal estatua de Atenea que Fidias ejecutó en el Partenón ( la diosa estaba elaborada de marfil, sus ojos de piedras preciosas, el ropaje y las armas de plata y oro de colores diferentes).

 

 

LOS ETRUSCOS Y LA ITALIA ANTERIOR A ROMA

 
 

Los etruscos que poblaron la región tirrena desde el -VIII, desarrollaron el arte de la joyería y de la orfebrería que favorecía su lujo. Sin dudas, recibieron influencia de los griegos, pero después fueron ellos los que extendieron por toda Italia sus orfebres. Han sido encontradas en tumbas etruscas, numerosas joyas de oro y de plata de muy buena ejecución, en la que la decoración afiligranada fue tomada muchas veces de la fauna oriental.

 
 

BIZANCIO

   

De la vasta orfebrería religiosa llevada a cabo en la Edad Media, cuando los Capítulos ordenaban la creación de talleres de orfebrería para que, con sus obras, enriquecieran las basílicas con fastuosos relicarios, cruces, vasos sagrados, misales con cubiertas de oro y plata, sólo nos referiremos brevemente a uno de sus representantes, que aún hoy, los plateros argentinos y de casi todo el mundo cristiano, consideran su Patrono

 

SAN ELOY, Patrono de los Orfebres

 

   

 

 

 

 

 

Cuando hablamos de los orígenes de la orfebrería francesa, inmediatamente aparece el nombre de uno de los santos más populares, maestro eminente en este arte. Entre las anécdotas que recordamos del santo orfebre, figura la que rememora la ejecución de dos tronos en lugar de uno, con el oro que Clotario II le había enviado para confeccionar un trono. Esto demuestra, además de su probidad y destreza, su conocimiento en el arte de alear los metales que le permitió aumentar la cantidad y la resistencia del oro.

Sus obras más numerosas, que enriquecieron catedrales e iglesias, fueron las arcas destinadas a guardar los cuerpos de los santos y las cruces de altar. Todas las obras de San Eloy son de estilo merovingio. Este había fundado un monasterio en Solignac, donde, bajo su dirección, hábiles monjes trabajaban con plata y oro, en la soledad y el recogimiento.

 

 

 

LA ORFEBRERÍA EN LA EUROPA DEL RENACIMIENTO

De la orfebrería del Renacimiento, podemos decir que fue tan importante, que muchos de los grandes artistas italianos de esa época, además de escultores, pintores o arquitectos, fueron sobresalientes orfebres. Tal el caso de Ghiberti, Donatello, Filippo Brunelleschi, Domenico Ghirlandaio, Andrea Verrocchio, y Benvenuto Cellini.

 
 

De todos los nombrados, sólo haremos referencia a un fragmento de la obra de Cellini, "Tratados de la Orfebrería y la Escultura" (Florencia, 26 de febrero de 1568), en donde explica de qué manera y con elementos cincela. Explicación que acerca su arte notablemente al de la orfebrería de nuestros días:

 "...Ese vaso yo lo llené con pez negra y luego dibujé sobre el cuerpo de la obra todas las figuras que deseaba hacer usando para eso un estilete de acero bruñido. Después volví a dibujarlas con pluma y tinta con toda la prolijidad que conviene al buen dibujo, luego usé mis cinceles ( los cuales eran del largor de un dedo y del grosor de una pluma de oca). Estos hierritos son de muy diversa hechura, algunos en formas de una C pequeña, otros, de una C grande, unos más encorvados, otros, menos, y algunos completamente derechos. Es necesario tenerlos de todos los tamaños. Con ellos y un martillo del peso de tres o cuatro onzas, golpéase diestramente hasta perfilar todo lo que se hubiese dibujado; después pónese la copa al calor de un fuego dulce a fin de poder retirar la pez con la cual ha sido rellenada y se la hace hervir en goma de barrica con sal, para blanquearla. Llegados a este punto, empléanse ciertas herramientas en formas de yunque hechas en puro hierro. Estos hierros estarán colocados, fijos, en un cepo y sirven para sujetar la copa; en el interior de ésta se ubica uno de esos cuernitos con la punta vuelta hacia arriba, que tenga la misma curva del vaso, colocándolo en aquellos lugares en los cuales iráse a trabajar, empezando a golpear suavemente hasta conseguir aquel relieve que el discreto e inteligente maestro juzgue necesario. Una vez hechas todas las figuras, animales u ornatos, se debe recocer la copa y luego blanquearla y volverla a rellenar con pez, para volverla a trabajar con los cinceles, que esta vez serán de la misma forma que los anteriores, mas con distintas puntas, como ser en forma de porotos u otras formas, según la usanza del maestro. Sólo interesa que no sean filosos, a fin de que no lleguen a agujerear la plata".

 

Fechado en 1572 e impreso en Valladolid, el "Quilatador de la plata, oro y piedras" de Juan Arfhe de Villafañe, tiene en la contracara de su tapa, la licencia para su publicación otorgada por Felipe II, rey de España, y explica, entre otras cosas, cómo se realiza la aleación de la plata, cómo se funden el oro y la plata, juntamente con indicaciones prácticas para la manipulación de los metales. Un ejemplo más de la importancia y la difusión que tenía este oficio.
 

El autor, Juan Arfe de Villafañe, natural de León, nacido en el año 1535 y fallecido en Madrid en 1603, es uno de los más reconocidos orfebres españoles. Son de su elaboración, las Custodias de las Catedrales de Ávila, Sevilla y Valladolid.

También orfebres, su padre Antonio de Arfe, español, (1510-1571), trabajó en estilo plateresco (su obra sobresaliente, la Custodia de la Catedral de Santiago de Compostela) y su abuelo Enrique de Arfe, de origen alemán, instalado en España, casi totalmente renacentista, elaboró las Custodias de Sahagún y de las Catedrales de Córdoba y Toledo.

Es un oficio que persiste en una trayectoria casi no interrumpida a través del tiempo, con una intacta pureza que justifica su prestigio multisecular. Prestigio que se debe a la calidad de las obras y a la riqueza de los materiales de que se sirve. Prestigio poético, casi sobrenatural, mágico, de alguno de ellos, como el oro.

Por ejemplo, Cristóbal Colón busca el oro en América no sólo por el simple provecho material sino también por las propiedades mágicas y curativas que se le atribuyen. El oro aparece en la poesía e incluso en las religiones, con intención moralizadora, muchas veces. En la sabiduría popular, en forma de proverbios inspirados tanto en la excelsitud del oro como en la pureza de la plata.

Como todo arte, la orfebrería es hija de los distintos estados de cultura de los pueblos, y ha reflejado en perfecta sincronización, la curva ascendente o descendente de la vida de los mismos.

Orfebrería: hija y exponente de la Cultura en el más amplio sentido del vocablo.

(ORFEBRE: de auri faber : trabajadores del oro)

De la vasta orfebrería religiosa llevada a cabo en la Edad Media, cuando los Capítulos ordenaban la creación de talleres de orfebrería para que, con sus obras, enriquecieran las basílicas con fastuosos relicarios, cruces, vasos sagrados, misales con cubiertas de oro y plata, sólo nos referiremos brevemente a uno de sus representantes, que aún hoy, los plateros argentinos y de casi todo el mundo cristiano, consideran su Patrono.

 

San Eloy,
Patrón de los Orfebres